Hoy se ha subido a la ventana de la cocina a comer el jamón york que le había puesto y lo cierto que mientras yo estaba en el grifo que está justo debajo, se me acercó, me olió y se quedó quieto, observandome, mientras yo hacía lo propio con él. No me movía en absoluto, porque sabía que si lo hacia, por pequeño que fuera el movimiento, él se asustaria. Así que así estuvimos varios minutos. Yo sin recoger la cacharrada de la comida , como si no tuviera más cosas que hacer, pero a gusto, porque conseguir que un minino, se te acerque, es algo que se consigue con paciencia. Cuando le aproximé la mano con la comida, se fué.
Pero su amiga y, que es Lea, le tengo que hacer la pelota, así que saqué el comedero de mi gato y se lo llené con la comida que le encanta a ella. Y con unos granos en la mano, se los fui lanzando a Boli, uno a uno y cada vez más cerca de mi, para que vea que aunque se acerque, no le haré ningún daño. El problema que tenía que hacia un viento muy , muy fuerte y cada ráfaga de viento, movía el todo bruscamente y se asustaba. Pero el paso estaba dado, cada
vez se acerca más...la próxima conseguiré que entre a la cocina.
Esto, aunque parezca un cuento chorra, no lo es, al menos para mì.
La verdad, que la mejor enseñanza nos la dan los animales. Sean salvajes, domésticos o como sean, son en muchos casos (se que alguien me dirá que me paso), más inteligentes, lógicos y cariñosos que muchos humanos. Pocas madres, salvo alguna raza concreta, del mundo animal abandonan a sus crías, luchan por ellas hasta extremos increíbles, educan a sus cachorros y los protegen de los peligros hasta que consideran que son aptos para ser independientes. Por eso me gusta observar sus movimientos y sus gestos, cuando no se sienten observados.

Me encantan los animales, se nota?.
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